El Capital infame


Más de 113 millones de personas de 53 países padecieron hambre extrema en 2018, especialmente en Yemen, la República Democrática del Congo y Afganistán, señala la última edición del informe mundial sobre crisis alimentarias elaborado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Unión Europea (UE) y otras organizaciones internacionales.

Más de la mitad de las 113 millones de personas que sufren hambre en el mundo viven en 33 países africanos, incluyendo Etiopía, Sudán y Nigeria.

Los conflictos armados siguen siendo la principal causa de la inseguridad alimentaria en el mundo. Alrededor de 74 millones de personas, o los dos tercios de la población total que sufre hambre en el planeta, viven en 21 países o territorios afectados por conflictos.

En América Latina y el Caribe, se contabilizaron en 2018 4,2 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria y que necesitan ayuda urgente (Haití con 2,3 millones), América Central (El Salvador, Guatemala, Honduras y el “Corredor Seco” de Nicaragua con 1,6 millones), y América del Sur (0,4 millones, incluyendo los migrantes venezolanos en Colombia, Ecuador y Perú).

UN bebé malnutrido es pesado en una báscula del hospital al-Sabeen en Saná, Yemen

El Mundo atraviesa una grave crisis económica y política que ha desencadenado una severa escasez de alimentos y una hiperinflación que ha reducido drásticamente el poder adquisitivo, no figura en este informe debido a que no se dispone de cifras fiables, explicó a la AFP Dominique Burgeon, jefe de situaciones de emergencia de la FAO.

Con vistas a 2019, el informe indica que no hay visos de que cambie la situación en los países más afectados por las hambrunas. Además, alerta de que la sequía empeorará las perspectivas de producción agrícola en distintas zonas del sur de África y en el Corredor Seco de Centroamérica y de que el fenómeno meteorológico “El Niño” tendrá posiblemente un impacto en la agricultura y los precios de los alimentos en Latinoamérica y el Caribe.

Para abordar eficazmente las crisis alimentarias, los expertos mencionan la necesidad de poner fin a los conflictos, dar más poder a las mujeres, mejorar las infraestructuras rurales y reforzar las redes de seguridad y ayudas sociales. Por ello, piden a la comunidad internacional que invierta en la “prevención” de conflictos y en asegurar una paz sostenible.

Por otra parte, pese a estas cifras alarmantes, el documento destaca una ligera mejora en el mundo con respecto a 2017 debido a que algunos países altamente expuestos a los choques climáticos sufrieron menos sequías, inundaciones y aumentos de temperatura en 2018. Así, en 2017, 124 millones de personas en 51 países sufrían hambre severa, once millones más que en 2018.

Una madre con su hijo en la unidad de cuidados intensivos por malnutrición en Yemen

Millones de niños se están muriendo de hambre en el mundo

Los conflictos, los eventos climáticos extremos y las crisis económicas son los principales responsables de esta regresión, según el estudio elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) junto con otras cuatro agencias de la ONU. Las graves sequías vinculadas al fuerte fenómeno El Niño de 2015 y 2016 son especialmente culpables. Sin agua, no crecen los cultivos ni el pasto para los animales. Eso significa que, en los países altamente dependientes de la agricultura, millones de personas se quedan sin alimentos suficientes que llevarse a la boca y sin fuente de ingresos con los que adquirir comida en el mercado. La falta de precipitaciones, de hecho, causa más del 80% de los daños y pérdidas totales en la producción agrícola y ganadera.

“Si no hacemos más, los tres años de subida serán cuatro. Reducir el hambre no es una cuestión de fe, sino que depende de nuestras acciones”, advierte Kostas Stamoulis, director adjunto de la FAO. Si el año pasado este organismo pedía el cese de la violencia para una mejora de la situación alimentaria mundial, esta edición se enfoca en la necesidad de mejorar la resiliencia de las personas ante los eventos climáticos extremos, es decir, fortalecer su capacidad de adaptarse, resistir y reponerse ante una adversidad.

“Piensa en un terremoto. En función de cómo de fuerte sea una casa, aguantará o colapsará. No podemos cambiar la intensidad del seísmo, pero sí la resistencia de la vivienda”. Explica Stamoulis que lo mismo hay que hacer con las personas: prepararlas para lo peor. “Tenemos los conocimientos y las herramientas para ello, pero debemos ponerlos en marcha”. Y hay que hacerlo “a mayor escala y de forma acelerada”, añade Marco Sánchez-Cantillo, director de economía y desarrollo agrícola de la FAO. “Por ejemplo, los sistemas de alerta temprana que permiten anticipar soluciones en caso de una eventualidad se han mostrado eficientes. Hay países en los que se han implantado, pero no es generalizado”, lamenta.

La mayoría de los países que afrontan crisis alimentarias relacionadas con el clima —20 de 34— atraviesan contextos de paz. Pero cuando los choques climáticos se producen en zonas en conflicto, se desencadena la tormenta humanitaria perfecta. Esto sucedió en los 14 países restantes, entre ellos, los ribereños del lago Chad (Níger, Nigeria, Camerún y Chad), donde 10,7 millones de personas necesitan ayuda para sobrevivir cada día debido a la espiral de violencia del terrorismo de Boko Haram y las sequías. “El ejemplo más claro es que el año pasado se declaró la hambruna en Sudán del Sur. Y Yemen, Somalia y el norte de Nigeria estuvieron a punto. En los cuatro hay una situación de conflicto grave y condiciones climáticas extremas y desfavorables”, anota Blanca Carazo, responsable de programas y emergencias del comité español de Unicef.

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África fue la región donde el hambre azotó en mayor proporción. Casi el 21% de su población estaba subalimentada el año pasado: 256 millones de personas, de las que 236 millones eran de la región subsahariana, un 30,4% más de los 181 millones de hambrientos que se contabilizaron en esta zona del mundo en 2010. En términos absolutos, Asia está en cabeza con 515 millones, un 11,4% de sus habitantes. No solo el clima y los conflictos explican estos datos, apunta Stamoulis. “No fue exclusivamente El Niño, aunque tuvo mucho que ver. No tenemos que olvidar que hay países que no están en conflicto, no atraviesan una crisis económica ni enfrentan eventos climáticos extremos, y tienen elevadas tasas de hambre”. También “la marginación, la desigualdad y la pobreza provocan que la gente no pueda acceder a una alimentación suficiente y nutritiva”, profundiza.

Las estadísticas y la realidad que reflejan van en dirección contraria al objetivo marcado en la Agenda 2030 de la ONU: lograr erradicar el hambre para esa fecha. “Es arriesgado hablar de una tendencia al alza aún. Los datos de este año muestran un incremento menor que el del año pasado. Quiero pensar que se trata de una anomalía en la disminución que se venía produciendo en la última década”, considera Jennifer Nyberg, directora de la oficina en España del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, entidad coautora del informe. “Tenemos que ser positivos y creer que lograremos alcanzar los objetivos, porque si nos damos por vencidos ahora, no lo conseguiremos”, añade un poco de esperanza el director adjunto de la FAO.

“Esto es una llamada de atención para que pongamos más innovación y recursos para combatir el hambre. Hay que preguntarse qué no funciona”, afirma Nyberg. Es misión imposible, sin embargo, calcular la financiación total que se destina a esta lucha y, por consiguiente, conocer si se han producido recortes en los últimos ejercicios. Lo que sí se sabe es que los llamamientos de fondos para atender emergencias alimentarias casi nunca recaudan lo que se necesita. Un ejemplo: el PMA solicitó 9.100 millones de dólares para realizar su labor de distribución de alimentos en zonas en crisis en 2017; recibió 6.800 millones. “Básicamente, cuando no tenemos dinero, tenemos que decidir quién no va a conseguir comida”, lamentaba Peter Smerdon, portavoz de esta agencia en África oriental, en una entrevista para PNR el pasado enero.

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Urgen soluciones, nuevas o conocidas, para conseguir las metas que la comunidad internacional se ha marcado en materia alimentaria para 2030. En solo tres años, se ha revertido el avance conseguido desde 2003 en la lucha contra el hambre, de tal manera que en 2017 había exactamente la misma cantidad de hambrientos que en 2010. Otros indicadores del estado alimentario y nutricional en el mundo tampoco van mejor. Las prevalencias de anemia en mujeres en edad reproductiva y la obesidad en adultos también aumentan.

En cuanto a las primeras, se ha pasado del 30,3% en 2012 al 32,8% en 2016. “Es vergonzoso”, escriben los redactores del informe, “que una de cada tres mujeres en edad reproductiva todavía padezca anemia, con importantes consecuencias tanto para su salud como la de sus hijos”. Por otra parte, el número de adultos obesos no ha dejado de crecer desde 1975. En 2016 había 672,3 millones, un 13,2% de la población que habita el planeta, lo que representa un punto y medio más que en 2012 (11,7%).

En resumen: hay más hambrientos y más obesos (*). Aunque los primeros se concentran prácticamente en las naciones pobres, los segundos no viven exclusivamente en las ricas; de hecho es un problema de salud pública creciente en países en desarrollo. “¿Cómo pueden darse estas dos tendencias aparentemente contradictorias de la seguridad alimentaria y la nutrición?”, lanzan los autores del estudio. Varios factores explican esta paradoja. Uno de ellos es, según los investigadores, que los cambios demográficos, sociales y económicos rápidos en muchos países de ingresos bajos y medios han conducido a una mayor urbanización y una alteración de los estilos de vida y los hábitos, que se han volcado hacia un mayor consumo de comida procesada e hipercalórica, con un alto contenido de grasas saturadas, azúcares y sal, y un bajo contenido de fibra.

El encarecimiento de determinados alimentos también tiene que ver con este fenómeno. “Los más nutritivos y frescos son los más costosos y quienes tienen menos recursos tienden a comprar otros más calóricos y de peor calidad nutricional”, apunta Sánchez-Cantillo, de la FAO. “El sobrepeso también tiene que ver con la pobreza. Crece en países donde para las familias más pobres es más fácil conseguir comida basura que alimentos saludables”, coincide Carazo, de Unicef.

Unos 85.000 niños han muerto de hambre en Yemen en los últimos cuatro años

Solo dos datos relativos al estado nutricional de los niños arrojan un poco de luz en un panorama oscuro. Hay menos niños que sufren desnutrición crónica, también llamada stunting (retraso en el crecimiento, en inglés) por ser ese el resultado del déficit de nutrientes esenciales como la proteína, el hierro, el ácido fólico, la vitamina A o el yodo durante la primera infancia. “Pero no estamos contentos con las tasas que hay”, rebaja el entusiasmo Stamoulis, de la FAO. Según sus estimaciones, el 22% de menores de cinco años padecía este tipo de desnutrición (150,8 millones). Muchos en opinión del director adjunto de la FAO, pero menos que en 2012, cuando el porcentaje de afectados ascendía al 25% (165,2 millones).

Este progreso, no solo tiene que ver con el éxito de programas alimentarios enfocados en la infancia. La clave está, señala la experta de Unicef, en realizar “un trabajo integral de prevención que incluye garantizar el acceso a una alimentación adecuada, pero también a agua potable y servicios de saneamiento”. Se trata, en definitiva, de cubrir la ingesta mínima de nutrientes y evitar la pérdida de los mismos por enfermedades como las diarreas, que contribuyen a generar la situación de desnutrición crónica. Hay que prevenir porque, una vez se produce el retraso en el crecimiento, recuerda Carazo, ya no tiene tratamiento y las secuelas (físicas y cognitivas) perdurarán de por vida.

Más de 20 millones de personas están al borde de la muerte segura por inanición en África.

“Otro aspecto que contribuye a la reducción del retraso del crecimiento es el fortalecimiento de los sistemas de salud”, continúa Carazo. “Primero, para que las madres embarazadas tengan una alimentación adecuada y acceso a los suplementos que necesitan, como el hierro”, indica. El acceso a centros sanitarios por parte de la población también facilita que los bebés reciban la atención adecuada para su normal desarrollo durante los cruciales primeros mil días.

Finalmente, las campañas para promocionar la lactancia materna exclusiva que recomienda la Organización Mundial de la Salud y Unicef, surten efectos limitados. En el mundo, el 40,7% de menores de seis meses se alimentaban solamente de este modo, frente al 37% de 2012. “Es importante para salvar vidas y fortalecer el sistema inmune de los niños”, suelta a modo de eslogan Carazo.

En el capítulo del sobrepeso y la obesidad infantil no hay excelentes noticias, pero tampoco nefastas. “Se mantiene”, apunta Stamoulis entre las notas positivas de los resultados del informe de este año. Desde 2012, la proporción mundial de niños de menos de cinco años con sobrepeso “parece haberse estancado”, dice el documento. Aquel año la tasa era de un 5,4%, y en 2017 apenas había ascendido al 5,6% (38,3 millones).

Hasta aquí las alegrías. No hay perspectivas de que la cantidad e intensidad de los conflictos decaiga, ni de que el clima vaya a dar una tregua en el corto y medio plazo. La pérdida de todo lo conseguido en décadas de lucha contra el hambre, sin embargo, es rápida. “Por eso, decimos que hay que actuar con anticipación, crear resiliencia”, zanja Carazo. Si no se pueden evitar, toca aprender a encajar los golpes.

Publicado por Sonia Maria

Sonia Maria Sanchez, Sor Maria del amor hermoso. A los 12 años mi madre, una beatorra integrista, por dificultades económicas, decidió hacerme monja. .... A los 14 fuí violada por mi guía espiritual, el hoy obispo José Maria Moralini; actualmente, después de dejar los hábitos tras tener que remangarmelos a la fuerza me siento libre. Ahora, poso, a veces desnuda, y lanzo un mensaje a las víctimas de abuso sexual. Sor Sonia os dice que su cuerpo es el mejor instrumento para comunicar que la belleza, es un don celestial. Bien se sabe que la vida da muchas vueltas. En mi caso, de 24 años, se puede decir que mi vida dio, quizás demasiadas vueltas, tantas, que me mareaba después de cada orgasmo. De niña asistía diariamente a la iglesia. Hace mas de 8 años que ingresé a un convento de Mèjico, cerca de la capital, porque mi mas fervoroso deseo era ser monja. Ahí fuí abusada a diario sexualmente por el que consideraba mi padre espiritual quién, despues de dejarme embarazada, consiguió la ayuda económica del vaticano para provocarme el aborto. Tras varios años mas en el convento, un verdadero foco de sadismo, lesbianismo y violaciones por gente adinerada y por nosotras mismas. Había tanto vicio, que la única virgen que quedaba, era la de madera. Dos hermanas que se negaron a esta depravación, no tuvieron tanta suerte y, tras ser vendidas a la mafia de la prostitución satánica, yacen sus cadaveres en algún lugar del norte de Mexico. Así que, hace poco, decidí abandonar el convento y mi vida tomó otro rumbo. Este cambio de vida, sin embargo, no habría sido noticia. Hace unos meses contacté con el fotógrafo italiano Roberto Maglio, conocido por sus campañas de denuncias, a veces muy controvertidas, y tomé una decisión que sí sería noticia, es decir, posar para un calendario desnuda como tantas actrices o modelos. En entrevista telefónica a Noticieros Telepixa, afirmé que mi única intención es lanzar un mensaje fuerte a los moralistas, por un lado, y a todas las víctimas de abusos sexuales, por parte del Clero. El fotógrafo Roberto Maglio comentó, por su parte, a Noticieros Telepixa, que a través del cuerpo desnudo de Sor Sonia, quiere comunicar que hay que respetar a las mujeres y mirar su belleza en forma pura porque no somos animales. En el 2002 su calendario Madonne, es decir vírgenes, en el que aparecían 12 mujeres desnudas en escenas provocantes inspiradas en la vida de Cristo, casi le valió la excomunión, aunque también en esa ocasión afirmó que el sentido de su calendario había sido mal interpretado porque sus imágenes no querían ser blasfemas, sino al contrario, querían comunicar la inocencia, el sufrimiento y la desesperación

3 comentarios sobre “El Capital infame

  1. La brecha entre los que más fortunas poseen con los pobres, cada vez se hace más extensa. Sería sensato pensar que esta situación tampoco les favorece a los ricos porque en algún momento determinado, harán colapsar sus fortunas. Hasta el momento, poco o nada se hace para resolver el problema y seguimos navegando en aguas turbias. Es muy bueno tu artículo aunque las fotos son desgarradoras.


  2. «Nuestra visión del capitalismo tiene hoy mucho más que ver con el «pensamiento mágico» que con el uso de la razón».
    «Después del famoso “(no) rescate” al sector bancario, hemos contribuido, sin pretenderlo, a consolidar una nueva plutocracia, que empieza a darse cuenta de que puede comportarse de forma más impúdica e irresponsable que antes, sin tener que temer el estallido social».
    «La tecnología no ha servido para liberarnos de responsabilidades farragosas como esperábamos (…), sino que más bien ha provocado que trabajemos aún más, y que se consoliden unos perfiles de trabajadores que efectúan tareas “que, en su fuero interno, piensan que no haría falta realizar”».
    «El individuo, convertido en marca comercial, según la filosofía difundida por muchas escuelas de negocios, debe presentarse ante el mundo (o, al menos, ante sus empleadores o clientes) como rentable».
    «No es de extrañar que algunas entidades bancarias hayan decidido “limpiar” su imagen, deteriorada tras los diversos abusos especulativos y los “rescates”, produciendo contenidos audiovisuales que son pequeñas sesiones de terapia colectiva, presentados en un lenguaje infantilizado por encarnaciones públicas de triunfadores».

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